Desde 1910, el hotel Lutetia, único Palace de la Rive Gauche, ocupa un lugar privilegiado en el corazón de Saint-Germain-des-Prés. De Joséphine Baker a Jean-Paul Sartre, escritores, artistas y figuras emblemáticas de la vida parisina han dejado su huella en este hotel, íntimamente ligado a la historia cultural del barrio. Tras su fachada, donde convergen el Art Nouveau y el Art Déco, el Mandarin Oriental Lutetia, París perpetúa hoy un espíritu único, en equilibrio entre creación contemporánea, elegancia parisina y tradición literaria.
Un palace impregnado de historia y arte

Incluso antes de cruzar la puerta, la fachada ondulada del Lutetia ya nos habla de su época. Sus curvas de estilo Art Nouveau conviven con líneas más geométricas que anuncian el Art Déco. En el interior, la mirada recorre los frescos y mosaicos restaurados hasta detenerse en las obras de César, Philippe Hiquily, Arman o Takis. Entre 2014 y 2018, Jean-Michel Wilmotte devolvió la vida a este patrimonio sin pretender congelarlo en el tiempo, creando un diálogo entre la decoración histórica, el mobiliario contemporáneo y las creaciones artísticas. Las paredes atesoran más de un siglo de vida parisina. André Gide y Saint-Exupéry fueron asiduos del hotel, a los que se sumaron después Jean Cocteau y Jean-Paul Sartre. El Lutetia también fue requisado durante la Ocupación y, tras la Liberación, acogió a los deportados que regresaban y a sus familias. Una historia rica y compleja que todavía hoy se refleja tanto en la decoración como en las obras que adornan el hotel.
Algo se mueve en la orilla izquierda
Paris

Una noche muy al estilo de la Rive Gauche

Con 184 habitaciones, 49 de ellas suites, el hotel Lutetia encarna el espíritu de la Rive Gauche hasta en sus espacios más íntimos. En la sexta planta, la Suite Saint-Germain-des-Prés cultiva su vena literaria: una biblioteca acompaña las veladas, con Le Bon Marché y la Torre Eiffel como telón de fondo, mientras el mármol de Carrara reviste el cuart o de baño. En la misma planta, otra personalidad se refleja en la Suite Haute Couture de Isabelle Huppert, concebida como un apartamento parisino. La actriz ha añadido recientemente nuevos libros, fotografías de Eric Guillemain y una selección musical personal. En el salón, su vestido de alta costura de Balenciaga, diseñado por Demna y lucido en el Festival de Cannes, dialoga con la madera de Macasar y el mobiliario de Walter Knoll. Una forma muy personal de pasar la noche rodeado de literatura, moda y cine.
Desayuno con vistas a París

Al despertarse, es difícil resistirse a la tentación de las terrazas. En el Rooftop Penthouse, una escalera de mármol conduce a una espectacular terraza de más de 60 m², desde la que se disfrutan unas vistas panorámicas de 360° sobre París, incluida la Torre Eiffel. Más íntima, la Suite Amour ocupa la última planta, en la esquina de la fachada, con un balcón de estilo Art Nouveau suspendido sobre la ciudad. Café, croissant, zumo recién exprimido, huevos revueltos con trufa negra o brioche a la manera del pain perdu —el equivalente francés de las torrijas— con caramelo componen un desayuno muy parisino, para saborear sin prisas.
Unas cuantas largos para liberar la tensión

En el spa del Mandarin Oriental Lutetia, el ritual comienza con unos largos en la piscina de 17 metros, bañada por la luz natural. Después, llega el momento de dejar que los músculos se relajen en la sauna o en la piscina de hidroterapia. En la camilla de masaje, el ritmo se ralentiza aún más. El masaje californiano, con sus largos movimientos suaves y envolventes, ayuda a liberar las tensiones y a recuperar la calma. Un momento de serenidad lejos del bullicio de Saint-Germain-des-Prés.
La hora del té entre libros y vidrio pintado

Bajo el lucernario de vidrio contemporáneo pintado por Fabrice Hybert, el Salón Saint-Germain invita a bajar el ritmo. Se puede elegir un libro entre los cerca de 1.600 ejemplares de la biblioteca, eco natural del legado literario del hotel y del barrio, antes de acomodarse bajo la mirada de las esculturas de Philippe Hiquily o, cuando el tiempo acompaña, en el patio. Los fines de semana, la hora del té del chef pastelero Nicolas Guercio añade un toque gourmet. Hojaldre al estilo Arlette con frambuesa y flor de saúco, tartaleta de almendras y cítricos confitados o flor de shiso verde y chocolate acompañan el té, el café o el chocolate caliente. Un momento para saborear, sin prisa.
Jazz y aperitivos en el Bar Joséphine

A la hora del aperitivo, el Bar Joséphine cobra vida bajo sus monumentales frescos, en un decorado que evoca el vínculo del Lutetia con las artes y el jazz. Bautizado en homenaje a Joséphine Baker, quien se alojaba habitualmente en el hotel, el bar acoge conciertos cada semana. En cuanto a los cócteles, la carta, firmada por Angelo Forte, se inspira en el universo del cómic. Entre sus creaciones, Un soir d’orage combina vodka, limoncillo, lichi, jengibre, champán y verjus, mientras que 006 mezcla ginebra, aceituna de Liguria, tomillo, Lillet blanco y aceite de clorofila. Unas crujientes gambas con salsa picante de tamarindo bastan para abrir el apetito antes de pasar a la mesa.
Ostras, lenguado y salsa Lutèce

La Brasserie Lutetia, toda una institución del barrio desde 1910, cultiva los códigos de las grandes brasseries parisinas en un ambiente de acentos Art Déco. Al frente de la cocina, Patrick Charvet entabla un diálogo entre los clásicos franceses y las inspiraciones más contemporáneas. La cena puede comenzar en la barra de mariscos, donde el mariscador abre ostras y prepara crustáceos a la vista de los comensales. Unas cuantas Gillardeau n.º 4 marcan la salida. En la mesa, el lenguado a la meunière, con mantequilla avellana, perejil y limón, se mantiene fiel al repertorio de las grandes casas. La falda de ternera a la parrilla, acompañada de salsa Lutèce y patatas fritas, es otro de los platos imprescindibles de la brasserie.
Una última copa al estilo speakeasy

Después de cenar, nos dirigimos al Bar Aristide y a sus dos salones privados, con ese aire de speakeasy —bar clandestino—. Los sofás de cuero acolchado, las obras de arte y la luz tenue crean una atmósfera íntima, mientras una banda sonora de electro-jazz y las sesiones de DJ prolongan la noche. El bar, que toma su nombre de Aristide Boucicaut, fundador de los grandes almacenes Le Bon Marché, traslada también este universo musical a su carta de cócteles. El Aged Old Pal combina bourbon, vermú seco y Campari, mientras que el Corpse Reviver No. 1 mezcla coñac, calvados, vermú tinto y Angostura de naranja. Dos creaciones de carácter para poner el broche a la velada con un toque intenso, entre el claroscuro de los salones de Aristide, antes de regresar a la habitación.
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Por Kévin Bonnaud
Responsable de comunicación editorial
Desde las callejuelas de pueblos colgados hasta la efervescencia cultural de las grandes ciudades, pasando por los paisajes revitalizantes junto al mar o en la montaña, tejo relatos para inspirar a viajeros franceses e internacionales.










