Macizo de los Vosgos

Destino

Macizo de los VosgosParques naturales

Massif des Vosges, lac des Truites
© Dominique / Adobe Stock - Massif des Vosges, lac des Truites

En el Macizo de los Vosgos, está la temporada del blanco, la de los paseos con esquí o con raquetas de nieve. Y la temporada del verde, con las excursiones entre lagos, bosques y praderas. Se podría añadir una temporada que cubre todo el año: la del rosa. Símbolo del macizo de los Vosgos, el gres ilumina con sus matices cobrizos unos monumentos excepcionales como el castillo del Alto Koenigsbourg o la catedral de Saint-Dié, pero también paisajes sublimes que todavía conservan las heridas de la Gran Guerra de 1914-1918.

Lo que no debes perderte durante tu estancia en el macizo de los Vosgos

Recorrido histórico en el corazón de los Vosgos

En las montañas de los Vosgos, tienes una cita con la historia con mayúsculas. En Hartmannswillerkopf pervive el recuerdo de la I Guerra Mundial. Este espolón rocoso que se alza 956 metros sobre la llanura de Alsacia ha sido apodado “la montaña de la muerte” o la “comedora de hombres”, por lo terribles que fueron los combates. Dos circuitos de visita, uno por las trincheras y los antiguos refugios, reviven este periodo doloroso.

En el Castillo del Alto Koenigsbourg uno se sumerge en un universo medieval digno de los libros de historia. Construida en el siglo XII, esta fortaleza con unas vistas incomparables sobre la llanura de Alsacia, los Vosgos, la Selva Negra e incluso los Alpes fue completamente restaurada en el siglo XIX dentro de un estilo de la Edad Media por el último emperador alemán. Al visitar la admirable catedral de Saint-Dié, en Saint-Dié-des-Vosges, se ven desfilar varios siglos de arte sacro, del románico al gótico, sin olvidar el estilo contemporáneo, con las vidrieras que brillan como si fueran joyas.

Al encuentro de la fauna

Para respirar el aire puro de los Vosgos y encontrarse con algunos habitantes discretos, hay que dirigirse al parque zoológico de Fougerolles en Saint-Valbert: pueden verse gamuzas, íbices, ciervos sika o ciervos comunes. En Gérardmer, debes subir a la Tête de Mérelle donde una torre 15 metros de altura, el observatorio de Mérelle, ofrece unas vistas de 360° sobre las montañas. Y puedes “rejuvenecer” en las piscinas del centro de balneoterapia de Ribeauvillé, ¡además, con unas magníficas vistas!

El macizo de los Vosgos: destino de naturaleza

¿Prefieres el invierno y su manto de nieve que cubre las montañas o el verano que revela el suave relieve de tonos verdes de las montañas? En cualquier época del año, el Macizo de los Vosgos es un paraíso para los amantes de la naturaleza.

En invierno, se sube a toda velocidad hasta Ventron, pequeña estación familiar, ideal para los paseos de esquí de fondo, pero también es posible practicar el snowkite en La Bresse, la moto de nieve en la estación de La Schulcht o pasear con raquetas de nieve en el lago Blanco, que se extiende al fondo de un circo glaciar rodeado de pinares. A menos de intentar ascender las pendientes de hielo con piolets y ganchos, como en el Spitzkoepfe.

Para recuperarse de todas estas emociones, en La Bresse un albergue ecológico recibe a los amantes de lo insólito: baño finlandés al aire libre y despertar en medio de los ciervos, de los zorros y de los corzos… En verano, el lago de Gérardmer se transforma en un amplio terreno de juegos (¡115 hectáreas!) para grandes y pequeños: en él se pueden practicar numerosas actividades náuticas. Y uno no se cansa de recorrer los itinerarios de senderismo: más de 4.000 kilómetros de caminos señalizados en todo el macizo de los Vosgos. Podrás recorrer el Parque Natural Regional de Ballons des Vosges, entre bosques, praderas de altitud, circos glaciares, acantilados rocosos, lagos y ríos...

Finalmente, la célebre Línea Azul de los Vosgos marca la frontera entre Alsacia y parte de Lorena  y ofrece nada menos que tres senderos de Gran Recorrido para itinerarios de 7 a 9 días.

Compras artesanales 100% francesas en el corazón de los Vosgos

El macizo de los Vosgos es un territorio con numerosas especialidades, propicio para unas compras 100% francesas. El bosque tiene mucho que ver con ello: su abundancia se encuentra en el origen de la fabricación de juguetes de madera, pero también del célebre cristal de Baccarat, cuya elegancia recorre los siglos desde 1764, y de las bolas de Navidad de Meisenthal, de vidrio soplado con la boca. Se pueden añadir los verdaderos caramelos de los Vosgos, elaborados tradicionalmente con sabia de pino. También te podrás llevar otros dulces: mermelada de ciruela de mirabelle, el oro amarillo de los Vosgos, crema de Munster, el queso más importante de la región y pain d’épices, alajú perfumado con miel de la zona.

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