Altos de Francia

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Hauts-de-France, Lille
© Aliaksandr / Adobe Stock - Hauts-de-France, Lille

En los Altos de Francia tomarás altura, ¡pero no la que tú te crees! En el norte, en vez de montañas se alzan unos magníficos monumentos: la catedral de Amiens, de estilo gótico, la plaza de Arras, con influencias del barroco flamenco, o el castillo de Chantilly, de inspiración renacentista. Y también el más importante cementerio militar de Francia. Pero si se toma altura, es también con lugares fabulosos como el Louvre-Lens, una piscina Art Déco transformada en museo y un acuario gigante...

Lo que no debes perderte durante tu estancia en los Altos de Francia

A las puertas de los Altos de Francia, el castillo de Chantilly no es sólo un magnífico edificio situado en un parque de 115 hectáreas. Sus suntuosos apartamentos, que mandó construir el duque de Aumale, albergan también la segunda colección de pintura antigua de Francia, tras la del Louvre, y de manuscritos iluminados, detrás de la que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia. Por eso hay que prever tiempo suficiente para la visita, para disfrutar de todas las obras maestras…

Lille

En Lille, la antigua capital de Flandes, para ir al museo, ¿hay que llevar traje de baño? Uno podría creerlo, ya que el Museo de Arte y de la Industria André Diligent de Roubaix está situado en una fabulosa piscina Art Déco de los años treinta: allí se pueden admirar esculturas de Rodin, Claudel o Picasso al borde de la piscina iluminada por gigantescas cristaleras. Entre las estaciones de tren de Lille Flandres y Lille Europe, otro lugar insólito está dedicado a las exposiciones de arte contemporáneo, performances y fiestas: el Tripostal, edificio de los años cincuenta utilizado para clasificar el correo de la ciudad.

De Amiens a Arras

Visitar los Altos de Francia permite asimismo viajar en el tiempo al pasear por las callejuelas medievales de Amiens donde se alza su catedral, majestuoso testimonio del arte gótico, o por la gran plaza de Arras bordeada por casas que combinan clasicismo a la francesa e influencias del barroco flamenco.

Costa de Ópalo

Luego ponemos rumbo hacia la Costa de Ópalo, deteniéndonos en Montreuil-sur-Mer, bonita localidad cuyas imponentes murallas del siglo XIII dominan el río Canche. Siguiendo el curso del río, llegamos a Le Touquet, París-Playa, localidad costera elegante y de gran interés arquitectónico: aquella a la que han apodado el Jardín de la Mancha presenta una veintena de edificios declarados monumentos históricos, principalmente mansiones que datan de los locos años veinte, de estilo neonormando o neomedieval.

Alrededor del Louvre-Lens

Si hay un lugar que simboliza el renacimiento de un territorio, ese es el Louvre-Lens. Construido sobre una antigua mina de carbón, este “Louvre diferente” es la locomotora de la reconversión cultural, artística y ecológica de esta destacada localidad de la cuenca minera. Desde la Antigüedad hasta los tiempos modernos, se revisitan 5.000 años de historia del arte en la galería del Tiempo, donde están expuestas de forma permanente 205 obras maestras del Louvre. A completar con una visita a Lens que alberga un patrimonio de una riqueza insospechada: destruida en un 90% durante la I Guerra Mundial, fue reconstruida en un estilo ecléctico, mayoritariamente Art Déco.

Gastronomía de los Altos de Francia

Entre los dulces de los Altos de Francia, el gofre de Méert es sin duda el más reputado: relleno con vainilla de Madagascar, es el símbolo de esta prestigiosa confitería que deleita a los habitantes de Lille... ¡desde 1761! Si te gusta el dulce, también puedes probar el “merveilleux”, dos merengues unidos por crema chantilly perfumada con chocolate, y la tarta… de azúcar, a base de azúcar mascabado de remolacha.

¿Conoces la ficelle picarde? Se trata de una especie de crêpe rellena de jamón de york y champiñones y cubierta de nata fresca y queso gruyère rallado.

En los Altos de Francia, también te puedes deleitar con las rattes du Touquet, pequeñas patatas que se comen con la piel, o con recetas más elaboradas como el waterzoi, un plato originario de Bélgica a base de carne de ave o de pescado acompañado de verduras cocidas en un caldo con nata fresca, o la flammiche au Maroilles, tarta de queso emblemática de la región.

En cuanto a la fricadelle, es un producto ineludible: una especie de salchicha de carne picada que se come en los establecimientos de frituras, acompañada de patatas fritas, ¡por supuesto!

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