A más de 2.000 metros de altitud, en el corazón provenzal del Parque Nacional del Mercantour, en los Alpes Marítimos, miles de petroglifos emergen sobre rocas ocres pulidas en un antiguo valle glaciar. Descubre los secretos y la belleza natural del Vallée des Merveilles en una expedición exclusiva de la mano de una arqueóloga.
En el interior de Niza, las tormentas siempre han coronado de relámpagos la cima del monte Bégo, a 2.872 metros de altitud. ¿Acaso esta fuerza atrajo a los autores de los grabados rupestres que salpican los valles circundantes?
Un museo a cielo abierto en el Parque Nacional de Mercantour

«Durante el Neolítico, la abundancia de agua y pastizales atraía a pastores y, posiblemente, también a agricultores», explica Nicoletta Bianchi, doctora en Prehistoria y experta en el contexto arqueológico del monte Bégo. «Subían para practicar la trashumancia y, en paralelo a su labor, sus creencias y modo de vida los impulsaban a grabar sobre las rocas de pizarra y arenisca», añade la especialista, quien nos guía a través del fascinante yacimiento del Valle de las Maravillas.
En este museo a cielo abierto, figuras antropomórficas, dagas y motivos geométricos o corniformes adornan grandes lienzos de piedra ocre. Se trata de un auténtico museo al aire libre que alberga cerca de 35.000 grabados prehistóricos realizados mediante la técnica del picado. Para alcanzar este valle lunar, suspendido a más de 2.000 metros de altitud, salpicado de lagos y custodiado por el monte Bégo, es necesario ascender por un agradable sendero que serpentea junto a un torrente, bajo la sombra de alerces y pinos cembros. La ruta parte de las proximidades de Casterino, a unos cien kilómetros al noreste de Niza, aunque quienes prefieran evitar el esfuerzo físico pueden optar por un ascenso de una hora en 4x4 a través de una pista abrupta.
«Los primeros grabados podrían remontarse al 4.500 a. C. Durante mucho tiempo, fueron adornos propiciatorios para solicitar buenas cosechas o la salud del ganado. Esto explica la abundancia de motivos corniformes —alusiones a animales con cuernos— en un periodo que se extiende hasta el final de la Edad del Bronce», explica nuestra experta frente a La roche de l’Éclat. Este es el primer grabado de envergadura en el camino que atraviesa el valle, un caos de rocas erosionadas y bloques erráticos en tonos verdes y violetas donde la vegetación desaparece.
«Posteriormente se produjo un cambio, quizá relacionado con una transformación cultural o climática. Los grabados comenzaron a realizarse en rocas alejadas de los pastos, a mayor altitud. Surgió entonces una organización basada en jefaturas, donde el prestigio y el poder se simbolizaban a través del motivo de las armas», concluye Nicoletta.
Hacia el lago de las Maravillas

Seguimos ascendiendo. Las parcelas de praderas alpinas salpicadas de alfombras de rododendros fucsias se van haciendo más escasas. Hacemos una parada ante el Cristo, uno de los motivos antropomórficos emblemáticos del lugar. Unas incisiones en la piedra dibujan una cabeza, unos ojos y una barba. Una línea de puntos evoca una corona de espinas. «Una figura de guerrero, muy representada en los Alpes», comenta el arqueólogo.
Más arriba, encajonado entre escarpadas paredes, el lago de las Maravillas es un espejo de color verde esmeralda en el que se reflejan las rocas cubiertas de líquenes. Una gamuza nos guía hacia el punto culminante del yacimiento arqueológico: la roca del Altar. Una inmensa losa ligeramente inclinada, de color ocre, con una profusión de motivos. «Este escritorio es como una ofrenda. Las figuras datan de todos los periodos, desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. Las dagas, las hachas y las alabardas que cubren los demás motivos muestran hasta qué punto la metalurgia revolucionó la sociedad», analiza Nicoletta.
El sol exhala el aroma de las plantas. Las fragancias del tomillo acarician nuestras fosas nasales. Al igual que los investigadores, los pastores y los excursionistas que han recorrido estos vastos espacios de soledad antes que nosotros, nuestra mente divaga. Alzamos la vista hacia la cima del monte Grand Capelet. El grabado más alto que se ha descubierto se encuentra allí arriba, a 2 900 metros. Un gran antropomorfo que aún no ha revelado todos sus secretos…
Recomendaciones para visitar el Valle de las Maravillas
El Valle de la Maravillas se encuentra junto a la frontera italiana y forma parte del Parque Nacional del Mercantour.
La mejor manera de explorar el yacimiento arqueológico del Valle de las Maravillas es participar en una de las visitas guiadas por guías de montaña acreditados por el Parque Nacional del Mercantour. Se organizan entre dos y cuatro visitas diarias de tres horas de duración, entre junio y septiembre.
Consejos y Recomendaciones
¿Y si el descubrimiento comenzara nada más iniciar el viaje? Para ello, ¡súbete al Train des Merveilles! Paisajes magníficos, naturaleza frondosa... Todo está ahí para disfrutar de un viaje tranquilo y contemplativo que te llevará hasta el Museo de las Maravillas, antes de disfrutar de una ruta guiada como hicimos nosotros.
Por Charlotte Cabon
Periodista





