Una joya por descubrir en el corazón de Occitania. El Museo Ingres Bourdelle de Montauban es el único museo del mundo dedicado a Ingres. Amplio, moderno y plenamente digitalizado, el edificio está a la altura de sus colecciones: un conjunto excepcional de dibujos y pinturas de Ingres, junto a esculturas de Bourdelle, otro ilustre hijo de la tierra al que también rinde homenaje.
Montauban y el legado del impresionismo en el Palacio Episcopal
¡El Palacio Episcopal de Montauban no había vivido una efervescencia semejante desde su construcción en el siglo XVII! Con motivo del 150.º aniversario del impresionismo —conmemorado en 2025— y de las dos décadas de adquisiciones de la Sociedad de Amigos del Museo Ingres Bourdelle, el edificio ha experimentado una transformación excepcional.
Conservadores, restauradores, transportistas, iluminadores, escenógrafos e incluso mediadores culturales han ocupado cada rincón de sus 2.700 m², dando vida a un ambicioso proyecto museográfico. El resultado es una invitación irresistible a descubrir, o redescubrir, este enclave único y la riqueza de sus colecciones desde una nueva mirada.
Un museo para resaltar las obras de Ingres
Amplio, luminoso y concebido con un enfoque plenamente contemporáneo, el museo ha sido diseñado para realzar el extraordinario valor de sus colecciones. Destaca especialmente por albergar la mayor colección de dibujos de Jean-Auguste-Dominique Ingres en el mundo, así como la segunda colección más importante de sus pinturas, solo superada por la del Museo del Louvre.
La exposición permanente reúne alrededor de un millar de obras, de las cuales 500 fueron cuidadosamente restauradas entre 2016 y 2019. Entre ellas sobresale el célebre Violín de Ingres, una pieza que ha trascendido el ámbito artístico para instalarse en el lenguaje cotidiano: de ella nace la expresión «tener un violín de Ingres», utilizada para describir una afición cultivada con pasión al margen de la actividad profesional.

Palacio Episcopal de Montauban, un palacio transformado
Nada más cruzar el patio, los pabellones acristalados —concebidos para facilitar el recorrido— anuncian con claridad la entrada en el siglo XXI de este edificio declarado Monumento Histórico. Sus fachadas, amplios ventanales y tejados, restaurados con esmero, resplandecen con una nueva vitalidad.
El visitante se sumerge en una museografía innovadora que combina tecnología digital y recursos multimedia: vídeos que desvelan la génesis de las obras o la historia del propio palacio, junto a una iluminación cuidadosamente diseñada. Estos espacios contemporáneos no solo realzan las piezas expuestas, sino que también subrayan la magnificencia del marco que las acoge.
A lo largo del recorrido, se descubre la riqueza decorativa del palacio, delicadamente iluminada: desde las vigas pintadas hasta las arcadas festoneadas de ladrillo ocre, sin olvidar los dorados de oro fino, rescatados de entre los yesos.
Ya en el interior, resulta casi irresistible dirigirse a las salas de la primera planta, dedicadas a Ingres, auténtica joya del museo. Allí se despliegan grandes formatos que evocan la influencia de Rafael y de la Antigüedad clásica, junto a obras de juventud y retratos célebres como el de la señora Gonse.
En la antigua capilla, cuyas ventanas han sido despejadas para dejar entrar la luz natural, las obras del maestro —así como las de sus discípulos— se elevan bajo un techo de diez metros de altura. Ante sus imponentes dimensiones, es inevitable imaginar la destreza necesaria para transportarlas, instalarlas y dotarlas de la iluminación que hoy las realza.

Una colección única en el mundo
Más íntima, la segunda planta se ha concebido como un gabinete de artes gráficas para dar a conocer una colección única en el mundo: 4.507 dibujos firmados de puño y letra por Ingres, para quien el dibujo era «la probidad del arte». Todo ello se muestra a través de una ingeniosa presentación: muebles con cajones horizontales o grandes vitrinas transparentes diseñadas a medida, y pantallas que dan acceso al conjunto de las obras gráficas digitalizadas.
Para sumergirse en el universo de Bourdelle, el otro hijo de la tierra al que el museo rinde homenaje incluso en su nombre, dirígete al primer sótano. Alrededor del monumental Heracles arquero, su escultura más famosa, se despliegan mármoles, bronces, yesos o maquetas: 68 esculturas y un centenar de piezas gráficas recorren todas las etapas de la obra del antiguo alumno de Rodin.
¿Todavía te apetece más pintura? En la segunda planta, podemos recorrer las escuelas italianas y del norte de los siglos XIV, XV y XVI, las escuelas francesas y extranjeras del siglo XVII, o el arte del siglo XVIII, desde Boucher hasta David.

Sala abovedada y un pasado turbulento
Y para remontarnos a los orígenes del palacio, descendemos unos cuantos pisos. En el segundo sótano, piezas arqueológicas y objetos vinculados a la historia local dan testimonio del turbulento pasado de la región: el palacio episcopal se levanta sobre los cimientos de un primer castillo condal del siglo XII y, posteriormente, de un castillo inglés del siglo XIV, cuya construcción quedó inconclusa durante la Guerra de los Cien Años.
Para una visita de arriba abajo, conviene prever tiempo de sobra, sobre todo porque el recorrido puede completarse con las exposiciones temporales que se organizan en la planta baja, entre el salón de té y la librería-tienda.
Desde la historia del edificio hasta la «constelación Ingres-Bourdelle», con varias decenas de obras procedentes de las colecciones nacionales, pasando por una obra de realidad virtual generativa e interactiva en torno a las pinturas de Ingres y un recorrido por su taller de dibujo, las exposiciones temporales arrojan una luz inédita sobre los procesos creativos que conectan el arte del siglo XIX con el arte contemporáneo.
Una experiencia personalizable
Para facilitar la visita, una aplicación móvil —también disponible para tablets— permite a cada persona diseñar su propio recorrido, acceder a información detallada sobre las obras, reservar entradas y consultar datos prácticos. Además, el recinto del museo cuenta con conexión wifi gratuita.
Así, es posible recorrer los espacios con total libertad mientras se descubre la singular historia de este museo. Como curiosidad, en 1940, tras la ofensiva alemana sobre París, el lugar se convirtió en refugio de numerosas piezas procedentes de grandes museos parisinos, entre ellas la célebre Gioconda.
Consejos y Recomendaciones
Situado en pleno centro de Montauban, se puede llegar fácilmente al Museo Ingres Bourdelle a pie, en autobús o incluso en bicicleta. Dispone de soportes para guardar las bicicletas, lo que te permitirá dejarlas a buen recaudo durante tu visita.
Por Anne-Claire Delorme
Periodista y viajera.








