5 experiencias para disfrutar en Cheval Blanc St-Barth, entre el mar y los cocoteros

Lujo en el Caribe

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Playa del hotel Cheval Blanc St-Barth
© Olivier Fly - La playa del hotel Cheval Blanc St-Barth, en la bahía de Les Flamands.

Tiempo de lectura: 0 minPublicado el 1 octubre 2018, actualizado el 16 octubre 2026

Entre exuberantes jardines, arena color marfil y aguas turquesas, el Cheval Blanc St-Barth se va descubriendo poco a poco. Situado en la bahía de Les Flamands, al norte de Saint-Barthélemy, este Palace cultiva una elegancia desenfadada que invita a pasar de los bungalós a la playa, de las piscinas al spa y, de ahí, a las mesas con vistas al mar, siguiendo senderos bordeados de buganvillas, palmeras y árboles del viajero. Una forma singular de disfrutar de la dulzura de esta isla francesa del Caribe.

Dormir entre un jardín tropical y el mar del Caribe

El hotel Cheval Blanc St-Barth visto desde un dron en Saint-Barthélémy
© Oliver Fly - El hotel Cheval Blanc St-Barth visto desde un dron en Saint-Barthélémy, en el Caribe.

En Cheval Blanc St-Barth, en Saint-Barthélemy o San Bartolomé, las 60 habitaciones y suites se integran entre la exuberante vegetación y el mar Caribe. Algunos bungalós casi se ocultan entre el follaje, mientras que otros alojamientos se abren directamente a la bahía de Les Flamands. Terrazas frente al mar, piscinas privadas y acceso a la arena en apenas unos pasos… un lugar donde el interior y el exterior se funden con naturalidad. Para quienes sueñan con aún más espacio, la Villa de France ofrece 650 m² distribuidos en dos plantas, cinco habitaciones, dos piscinas de rebosadero y acceso directo a la playa, además de un equipo de mayordomos a su disposición.

Dejarse cautivar por la luz de las islas

Suite Océan del hotel Cheval Blanc St-Barth
© J. Le Menn - Suite Océan del hotel Cheval Blanc St-Barth, en Saint-Barthélémy.

La madera clara, casi blanqueada por el sol, el ratán, las fibras trenzadas, los tejidos blancos y los toques caribeños componen una decoración tan sencilla como refinada. En las habitaciones, las obras de arte de múltiples influencias prolongan este imaginario insular. Los amplios ventanales dejan entrar la luz y enmarcan ora el mar, ora los jardines. En el exterior, palmeras, flores y follaje acompañan los senderos que conectan las habitaciones con los restaurantes y el spa. En el corazón del jardín, «La Constellation de Pégase», de Jean-Michel Othoniel —un móvil de cuentas de cristal de colores inspirado en el cielo nocturno de Saint-Barth—, atrae naturalmente la mirada.

Elegir la piscina

Piscina del hotel Cheval Blanc St-Barth
© Olivier Fly - Piscina del hotel Cheval Blanc St-Barth, en Saint-Barthélémy.

Frente a la bahía de Les Flamands, el mar Caribe despliega sus matices de azul hasta el islote de Chevreau. De la arena fina se pasa al agua cristalina y, después, a las dos piscinas que dominan la playa y prolongan el paisaje. Un baño matutino, una siesta a la sombra, unas brazadas antes de la puesta de sol: aquí, el día transcurre al ritmo de los baños y el descanso.

Relajarse en el spa Cheval Blanc, entre hibiscos y cocoteros

Pabellón Tropical del Spa Cheval Blanc
© C. Segues - Pabellón Tropical del Spa Cheval Blanc, en Saint-Barthélémy.

Después de la playa o de dar unas brazadas en la piscina, nos dirigimos al spa atravesando los jardines, entre cocoteros, hibiscos e ylang-ylang. El pabellón de tratamientos emerge discretamente entre el follaje. Los rituales de Guerlain se inspiran en los aromas tropicales e incluyen desde una exfoliación de vainilla hasta un masaje con elixir de tiaré. La música, concebida como una evocación de la naturaleza caribeña, acompaña algunos de los tratamientos.

Almorzar, cenar y brindar en los trópicos

Restaurante La Cabane en el hotel Cheval Blanc St-Barth
© C. Segues - Restaurante La Cabane en el hotel Cheval Blanc St-Barth, en Saint-Barthélémy.

En La Cabane, se almuerza con los pies en la arena y la bahía de Les Flamands como horizonte. La carta despliega una variedad de sabores caribeños, desde el tartar de atún amarillo con café y coco hasta el pescado local con mandioca y lima, sin olvidar el pollo colombo para compartir. Al final del día, el Tiki Bar invita a disfrutar de un cóctel frente al mar, con opciones afrutadas, especiadas o más intensas. Para la cena, Langosteria propone una cocina de inspiración mediterránea adaptada al espíritu de Saint-Barth, con platos como el carpaccio de atún rojo, el mero negro o los paccheri con lubina.

Por Kévin Bonnaud

Responsable de comunicación editorial

Desde las callejuelas de pueblos colgados hasta la efervescencia cultural de las grandes ciudades, pasando por los paisajes revitalizantes junto al mar o en la montaña, tejo relatos para inspirar a viajeros franceses e internacionales.

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