Tras el éxito de la película de Ridley Scott sobre Napoleón (2023), que revivió el interés global por su figura, te invitamos a recorrer el corazón histórico de Ajaccio, en Córcega. Un viaje en el tiempo para descubrir los lugares que marcaron los primeros pasos del futuro emperador.
La casa natal de un emperador

La presencia en Córcega de la familia Bonaparte, de origen genovés, se remonta a finales del siglo XV. La imponente casa de color ocre con contraventanas verdes que se encuentra en una estrecha callejuela del casco antiguo fue el lugar donde nació Bonaparte en 1769, un año después de la incorporación de Córcega a Francia. Hoy en día alberga un museo nacional que evoca la memoria del emperador y su familia en Córcega, en torno a un bellos patrimonio mobiliario y un programa de exposiciones temporales.
Sueños de grandeza forjados en la cueva de Casone

En una loma situada al final del Cours Grandval, una elegante avenida de Ajaccio flanqueada por casas de veraneo del siglo XIX, un caos de bloques de granito forma la cueva del Casone. Aquí se suele decir que el joven Bonaparte solía retirarse para leer e imaginar su futuro. En lo alto de una gran escalinata, una estatua de Napoleón I con su bicornio conmemora al hombre y su obra, con la inscripción en piedra de logros emblemáticos como el Código Civil, la Universidad o el Banco de Francia.
La plaza Foch rinde homenaje al hijo ilustre de la ciudad

La luminosa explanada que desciende hacia el paseo marítimo y sus transatlánticos sirve de enlace entre lo que antaño fue el barrio genovés, donde nació Napoleón, y U Borgu, un barrio popular de recolectores de coral y trabajadores del cuero. A principios del siglo XIX, ya convertido en primer cónsul, Napoleón Bonaparte modernizó la ciudad mandando derribar las murallas que separaban estos dos espacios. Lugar de vida y paso ineludible de Ajaccio, la plaza está presidida por una estatua de Napoleón Bonaparte ataviado con el traje de cónsul romano.
La catedral: cuna de origen, pero no su última morada

Napoleón Bonaparte fue bautizado en este edificio barroco, orientado hacia el mar, en julio de 1771. Aunque abandonó Ajaccio a los nueve años, regresó en varias ocasiones al comienzo de su vida adulta y no volvió por última vez hasta 1799, tras su campaña en Egipto. A pesar de sus largas ausencias, siempre conservó un profundo apego por su ciudad natal. Una placa de mármol rojo en un pilar de la nave expresa sus últimas voluntades, pronunciadas en Santa Elena: «Si se proscribe mi cadáver, como se ha proscrito mi persona, si se me niega un poco de tierra, deseo que se me entierre junto a mis antepasados en la catedral de Ajaccio, en Córcega».
La capilla imperial, último refugio de los Bonaparte en el Palacio Fesch

Aunque las cenizas de Napoleón fueron trasladadas a Los Inválidos de París en 1861, en Ajaccio se construyó una capilla imperial por orden de Napoleón III en el Palacio Fesch. Esta alberga las tumbas de nueve miembros de la familia Bonaparte, entre ellos los padres del emperador y el cardenal Fesch, tío materno de Napoleón. El cardenal, gran coleccionista de arte, legó a la ciudad parte de sus tesoros, que hoy se exhiben en este edificio, cuyo diseño concibió durante el reinado de su sobrino. Allí también se exponen numerosos retratos de la familia, incluyendo algunos del emperador, que conforman una valiosa colección napoleónica.
Por Charlotte Cabon
Periodista







