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Las minas del Nord-Pas de Calais ingresan al patrimonio mundial de la UNESCO
Los escoriales mineros gemelos de la fosa 11-19, en Loos-en-Gohelle (Pas de Calais). © 2012, Hubert Bouvet, región Nord-Pas de Calais
Las minas de la región Nord-Pas de Calais se transforman en el 38 bien francés registrado en el patrimonio mundial de la UNESCO, como « paisaje cultural evolutivo y vivo ». La cuenca minera se une así a la Gran Barrera de Coral, la Acrópolis de Atenas, así como los otros 960 parajes considerados como excepcionalmente valiosos.
Después de siete años de trabajo y la presentación en 2010 de la candidatura apoyada por la asociación Bassin Minier Uni (Cuenca Minera Unida - BMU), el paraje minero está registrado ahora en la prestigiosa lista. Situado en el corazón de la región Nord-Pas de Calais, que se extiende desde la frontera belga al oeste de la ciudad de Béthune, se trata del primer paraje de este tipo en ser registrado en la lista de la organización.
Como subraya la UNESCO en su sitio de Internet, la cuenca minera del Nord-Pas de Calais es un auténtico testimonio “de la búsqueda de un modelo de ciudad por los trabajadores de mediados del siglo XIX hasta los años 1960 e ilustra una época importante en la historia de la Europa industrial”.
En efecto, se trata de tres siglos de explotación del carbón que están protegidos a través de más de 100 000 km de galerías, 4 000 hectáreas de paisajes, 600 pozos, 17 fosas, 21 torres de extracción, 51 escoriales, diversas infraestructuras para el transporte de la hulla, 3 estaciones ferroviarias, asentamientos de mineros, oficinas de compañías mineras.
Además, 87 municipios, 38 escuelas y grupos escolares, así como 26 edificios religiosos llevan también los colores de esta rica herencia patrimonial, elevando de esta manera a nivel de excepcional y universal la vida ordinaria de miles de gueules noires (mineros) que extrajeron, entre 1720 y 1990, más de dos mil millones de toneladas de carbón desde hasta 1000 metros de profundidad.
Un homenaje a un mundo desaparecido
La ministra de la Cultura y de la Comunicación Aurélie Filippetti felicitó al comité del patrimonio mundial por su decisión de registrar este paisaje “a la vez cultural, industrial y social que rinde homenaje al mundo desaparecido de la mina”.
En efecto, el registro del paraje subraya el reconocimiento de una historia humana y de una cultura regional singular que tuvo que enfrentarse a una reconversión difícil después de tres siglos de explotación del carbón











